Tenías mi esposo murió hace 8 meses. Dijo con voz plana, como si hubiera repetido esas palabras tantas veces que ya no le dolieran. Pero yo sabía que sí dolían. Lo vi en la forma en que sus manos se cerraron en puños. ¿Qué pasó? Accidente, dijeron, pero los accidentes no dejan cartas de amenaza debajo de la puerta. Ahí estaba la primera grieta en su armadura. Alguien había matado a su esposo y ahora venían por ella. Las piezas comenzaban a encajar, pero el cuadro completo seguía siendo un misterio.
¿Por eso huyes? Huyo, porque si me quedo termino como él y antes de morir quiero se detuvo abruptamente como si hubiera estado a punto de revelar demasiado. ¿Quieres qué? Presioné. Natalia me miró con una intensidad que me hizo tragar saliva. Quiero sentir que estoy viva una última vez. El aire en la cabina se volvió denso. Había algo en la forma en que lo dijo, en la forma en que me miraba, que hizo que mi pulso se acelerara.
Pero había algo más en sus palabras, algo oscuro que no terminaba de comprender. “No hables como si fueras a morir”, dije con más emoción de la que pretendía mostrar. Todos vamos a morir, Diego. Algunos solo sabemos cuándo. Antes de que pudiera responder, las luces de un vehículo aparecieron detrás de nosotros. Natalia se tensó inmediatamente, girándose para mirar por el espejo. ¿Son ellos?, pregunté sintiendo la adrenalina. No lo sé, pero no podemos arriesgarnos. Aceleré. El Kenworth no era rápido, pero en estas carreteras rectas podía mantener buena velocidad.
El vehículo detrás de nosotros también aceleró. Definitivamente nos seguían. ¿Qué llevas en esa mochila, Natalia? Exigí saber. Drogas, dinero, justicia, respondió con voz fría. Llevo justicia. No tenía idea de qué significaba eso, pero no había tiempo para preguntas. El vehículo detrás de nosotros se acercaba peligrosamente. Podía ver ahora que era una camioneta negra, vidrios polarizados sin placas visibles. “Agárrate”, le advertí. Tomé un desvío brusco hacia un camino de terracería que conocía. El camión se sacudió violentamente, pero logré mantener el control.
La camioneta nos siguió, pero la ventaja del Kenworth en terreno irregular era clara. Conocía estos caminos, ellos no. Después de 20 minutos de persecución por caminos polvorientos, las luces detrás de nosotros desaparecieron. Había logrado perderlos, al menos por ahora. Detuve el camión en un claro oculto entre rocas y matorrales. Apagué el motor y las luces. El silencio era absoluto, solo interrumpido por nuestras respiraciones agitadas. Natalia temblaba, pero no de miedo. Era algo más. Cuando me giré para mirarla, vi lágrimas corriendo por sus mejillas.
Gracias, susurró. No tenías que hacer eso. Sí, tenía, respondí. No voy a dejar que te pase nada. Ella rió entre lágrimas. Ni siquiera me conoces. Entonces, cuéntame, cuéntame todo. Natalia me miró durante un largo momento como si evaluara si podía confiar en mí. Finalmente abrió la mochila. Dentro había fajos de billetes, muchos fajos, pero también había algo más. Fotografías, documentos, una memoria USB. Esto, dijo sosteniendo el dinero. Es lo que mi cuñado le robó a mi esposo antes de matarlo.
Y esto sostuvo la memoria USB. Es la prueba de todo lo que ha hecho. Mi mente procesaba la información rápidamente. Tu cuñado mató a tu esposo. Ramón siempre fue ambicioso. Mi esposo Javier descubrió que estaba desviando fondos de la empresa familiar. Cuando lo confrontó, Ramón lo hizo parecer un accidente, pero cometió un error. No supo que Javier me había dado copias de todo y el dinero. Es la herencia que me correspondía. Ramón la tomó. Dijo que Javier tenía deudas, mentiras.
Entré a su oficina hace tres días y recuperé lo que era mío. Por eso te persiguen. Por eso me persiguen, confirmó. Pero no es solo el dinero. Si esa memoria USB llega a las autoridades correctas, Ramón va a prisión por el resto de su vida y él lo sabe. Nos quedamos en silencio, el peso de la situación cayendo sobre nosotros. Natalia había arriesgado todo por venganza y justicia, yo, sin saberlo, me había convertido en su cómplice. ¿Por qué no fuiste directamente a la policía?, pregunté.
Natalia rió amargamente. Ramón tiene contactos en todas partes. La mitad de la policía local está en su nómina. Necesito llegar a la Ciudad de México, a la Fiscalía Federal. Solo ahí estaré segura. Eso está a más de 1000 km. Lo sé. La miré, esta mujer valiente y desesperada que había perdido todo y aún así seguía luchando. En ese momento tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre. Entonces te llevaré a la ciudad de México. Natalia me miró con ojos brillantes.
Diego, si haces esto, te convertirás en su enemigo también. Ramón no perdona. Que venga. Dije con una convicción que no sabía que tenía. No está sola en esto. Ella se acercó entonces lentamente y puso su mano en mi mejilla. Su toque era suave, cálido y sentí que algo dentro de mí se quebraba y se reconstruía al mismo tiempo. “Eres demasiado joven para entender lo que estás haciendo”, susurró. “Y tú eres demasiado terca para aceptar ayuda.” Respondí con una sonrisa.
Por un momento pensé que me besaría. Nuestros rostros estaban a centímetros de distancia. Podía sentir su aliento, ver cada detalle de sus ojos oscuros. Pero entonces ella se alejó rompiendo el hechizo. “Deberíamos descansar”, dijo con voz temblorosa. “Mañana será un día largo.” Asentí, aunque sabía que no podría dormir. No con ella tan cerca, no con mi corazón latiendo como si quisiera salirse de mi pecho. Pero lo que no sabía era que Natalia tampoco dormiría esa noche, porque en su mente un plan comenzaba a formarse, un plan que me incluía de formas que yo aún no podía imaginar.
El amanecer nos encontró todavía escondidos entre las rocas. Había dormido apenas dos horas, pero Natalia no había cerrado los ojos en toda la noche. La encontré sentada en la parte trasera del camión, mirando el horizonte donde el sol comenzaba a pintar el cielo de colores imposibles. “No dormiste”, dije sentándome a su lado. “No puedo”, admitió. “Cada vez que cierro los ojos veo a Javier. Veo el momento en que me dijeron que había muerto. Su dolor era palpable y sin pensarlo, tomé su mano.
Ella no la retiró esta vez. Sus dedos se entrelazaron con los míos y nos quedamos así en silencio, viendo salir el sol. ¿Sabes qué es lo peor?, preguntó después de un rato, que los últimos meses con él fueron distantes. Discutíamos por tonterías, por el trabajo, por el dinero, y ahora daría cualquier cosa por tener una discusión más con él. No es tu culpa, dije suavemente. Lo sé, pero el conocimiento no hace que duela menos. Me giré para mirarla de frente.
Natalia, cuando todo esto termine, cuando Ramón esté en prisión y tú estés a salvo, ¿qué harás? Ella me miró con sorpresa, como si nadie le hubiera preguntado eso antes. No lo sé. No he pensado más allá de sobrevivir. “Pues deberías”, insistí. “Porque vas a sobrevivir y cuando lo hagas quiero estar ahí.” Diego comenzó, pero la interrumpí. Sé que soy joven, sé que apenas nos conocemos, pero en estas últimas horas he sentido más por ti que por cualquier persona en años.
No me importa tu edad, no me importa tu pasado, solo me importas tú. Natalia me miró con lágrimas en los ojos. No sabes lo que dices. Soy un desastre, Diego. Estoy rota, perseguida. Y se detuvo mordiéndose el labio. ¿Y qué? Presioné. y no tengo futuro”, terminó en un susurro apenas audible. Antes de que pudiera preguntarle qué significaba eso, el sonido de motores en la distancia nos hizo saltar. Ramón nos había encontrado de nuevo. No sé cómo, pero lo había hecho.
Aby zobaczyć pełną instrukcję gotowania, przejdź na następną stronę lub kliknij przycisk Otwórz (>) i nie zapomnij PODZIELIĆ SIĘ nią ze znajomymi na Facebooku.
