Kierownik upokorzył ją za to, że wyglądała biednie... nie wiedząc, że jest milionerką szefową...

No había registros de empleo previo en las empresas que mencionó. No había historial crediticio, no había rastro digital alguno. Era como si esa mujer hubiera sido creada específicamente para infiltrarse en alta vista. Pero la investigación de Luis tomó un giro inesperado cuando decidió buscar solo el nombre Isabel Fuentes, sin filtros de edad o experiencia laboral. Lo que apareció en su pantalla casi lo hizo caer de su silla. Isabel Fuentes, 34 años, presidenta y SEO de Grupo Altavista, heredera del Imperio Empresarial de Roberto Fuentes, fortuna estimada en 200 millones de dólares.

Residencia Penhouse en la zona rosa, Bogotá. Luis imprimió la foto de perfil corporativo y la comparó con las imágenes de las cámaras de seguridad de la semana anterior. No había duda, era la misma mujer, la recepcionista temporal que Julián había estado humillando durante una semana. Era la dueña de toda la empresa. Luis sintió como la sangre se le helaba en las venas. ¿Qué estaba haciendo la presidenta de Altavista trabajando como recepcionista temporal? ¿Y por qué permitía que Julián la tratara de esa manera?

Solo había una explicación lógica. Isabel estaba realizando una investigación encubierta. Luis supo inmediatamente que tenía una decisión que tomar. Podía quedarse callado y esperar a ver qué pasaba o podía actuar. Pero la imagen de Isabel, empapada y humillada no lo dejaba dormir. Su conciencia no le permitió dudar mucho tiempo. El lunes por la mañana, Luis llegó al edificio dos horas antes que el resto del personal. Necesitaba hablar con Isabel antes de que llegara Julián. Tenía que disculparse por no haber intervenido cuando la vio ser humillada de esa manera tan brutal.

A las 7:30 a vio a Isabel entrar por las puertas principales con su disfraz habitual. Luis la interceptó en el lobby. Señora Fuentes, ¿podría hablar con usted un momento? Isabel se detuvo en seco. La forma en que Luis la había llamado lo cambió todo, no Isabel o señorita, señora Fuentes, con el respeto que se le debe a una presidenta. Creo que hay una confusión, señor Luis Ramírez, jefe de seguridad. Y no hay confusión, señora. Sé exactamente quién es usted.

Se miraron en silencio durante un momento que pareció eterno. Isabel evaluó sus opciones. Podía continuar fingiendo, pero la expresión en los ojos de Luis le decía que ya era demasiado tarde para eso. ¿Qué quiere Luis? Quiero saber si está segura, señora. Quiero saber si necesita protección y quiero pedirle perdón por no haber intervenido cuando ese desgraciado le tiró el agua encima. Llevo 5co días sin poder dormir por no haber hecho nada para detenerlo. La sinceridad y el dolor en la voz de Luis conmovieron a Isabel.

Durante una semana había visto crueldad, indiferencia y cobardía. Finalmente encontraba a alguien con integridad que se sentía responsable por no haber actuado. Luis, no tienes que pedirme perdón. Tú no creaste esa situación, pero te agradezco por preocuparte. Isabel hizo una pausa. Lo que estoy haciendo es necesario, Luis. Necesito que mantenga mi secreto hasta que yo decida revelarlo. Por supuesto, señora. Pero, ¿puedo preguntarle algo? Adelante. ¿Qué va a pasar con Julián Mena? Porque después de lo que le hizo, después de esa humillación tan brutal, ese hombre no merece seguir en una posición de poder.

Isabel sonrió por primera vez en una semana. No era una sonrisa cruel, sino de justicia tranquila. Julián va a aprender una lección que nunca olvidará, pero no de la manera que él esperaría de alguien como yo. Luis asintió. Si necesita cualquier cosa, cualquier cosa, solo dígamelo. Hay algo que puede hacer. Esta tarde va a venir Alejandro Saence, mi asistente personal. Facilítele el acceso sin hacer preguntas. Y Luis, lo que va a presenciar hoy cambiará esta empresa para siempre.

Mientras Isabel subía al piso 17, Luis se quedó en el lobby con una mezcla de admiración y nerviosismo. Iba a ser un día histórico. En el piso 17, la mañana comenzó de manera habitual. Julián llegó a las 9:15 con su arrogancia de siempre, buscando inmediatamente a Isabel para comenzar su rutina diaria de humillaciones. Pero algo era diferente. Rosa Gaitán tenía una sonrisa extraña en los labios. Camila parecía más nerviosa de lo normal. Y cuando Luis subió al piso para una inspección rutinaria de seguridad, su presencia añadió una atención diferente al ambiente.

Temporal, gritó Julián desde su oficina. Ven acá ahora. Isabel se levantó y caminó hacia la oficina de Julián, pero esta vez Luis la siguió discretamente y se quedó cerca de la puerta. ¿Viste este reporte? Julián agitó unos papeles frente a Isabel. Está lleno de errores. Así es como planeas trabajar en mi departamento. Señor, yo no hice ese reporte. Es del viernes pasado antes de que llegara. No me importa. Ahora es tu responsabilidad. Corrígelo todo y que no quede ni un solo error, porque si hay alguno te vas de aquí mismo.

Isabel tomó los documentos y regresó a su escritorio, pero mientras revisaba los papeles se dio cuenta de algo. No eran errores accidentales, eran cambios deliberados que hacían que los números no cuadraran. Alguien había alterado el reporte para crear problemas financieros en el departamento. Julián no solo era un abusador, también era un ladrón. Isabel revisó discretamente los archivos digitales del reporte original. Confirmó sus sospechas. Julián había estado manipulando cifras durante meses, desviando fondos de presupuestos departamentales hacia cuentas que él controlaba.

Por primera vez en una semana, Isabel sonrió genuinamente. No solo tenía motivos para despedir a Julián por abuso, también tenía evidencia de fraude corporativo. A las 12 pm, las puertas del ascensor se abrieron y apareció un hombre que hizo que toda la oficina se quedara en silencio. Alejandro Saens, 37 años, traje de $5,000. Presencia que comandaba respeto inmediato. Su título oficial era asistente ejecutivo de la presidencia, pero todos en altavista sabían que era la mano derecha de la misteriosa propietaria de la empresa.

Si Alejandro estaba allí, algo muy importante estaba por suceder. “Buenas tardes”, dijo Alejandro con una voz que cortó el silencio como una espada. Necesito hablar con el gerente regional Julián Mena. Julián. salió de su oficina con una mezcla de confusión y pánico. Alejandro Saens nunca visitaba departamentos operativos. Su presencia solo podía significar problemas. Señor Saence, ¿qué sorpresa? ¿En qué puedo ayudarlo? Señor Mena. Por instrucciones directas de la presidencia se requiere su presencia en una reunión de emergencia.

Piso 45. Sala de juntas principal en 30 minutos. Puedo preguntar de qué se trata. Alejandro lo miró con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Se trata del futuro de su carrera en esta empresa, señor Mena. Julián sintió como el suelo se movía bajo sus pies. ¿Qué había hecho mal? ¿Quién se había quejado de él? ¿Cómo había llegado su comportamiento hasta la presidencia? Mientras Julián se dirigía al ascensor con las piernas temblorosas, Alejandro se acercó discretamente al escritorio de Isabel.

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