Era la casa de tu mamá y tu papá. Pero tu papá ya murió, Roberto. Y tu mamá, seamos realistas. ¿Cuántos años más va a vivir? Cinco. 10 si tiene suerte. Y mientras tanto, esa fortuna en bienes raíces está ahí desperdiciándose cuando nosotros la necesitamos ahora que estamos criando a nuestros hijos. Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas. Cuántos años más iba a vivir. Hablaba de mí como si fuera un estorbo temporal, como si mi muerte fuera solo una cuestión de tiempo que había que esperar con paciencia.
Mira, siguió Marina y pude escuchar cómo se movía por la casa, probablemente preparándose un café o arreglando algo, como si esta conversación sobre mi futuro fuera la cosa más normal del mundo. Yo ya averigüé todo sobre Villa Esperanza. Es perfecto para ella. Tiene servicio médico las 24 horas, actividades para mantenerse activa, gente de su edad con quien hablar. va a estar mucho mejor cuidada que viviendo sola en esa casa enorme. No sé, Marina, se me hace muy duro.
Roberto, por favor, tu mamá está viviendo en el pasado. Esa casa es demasiado grande para una sola persona. Tiene tres recámaras, dos baños completos, sala, comedor, cocina integral, lavandería, terraza y ese jardín gigantesco que ya ni puede mantener. Es un desperdicio total. Era cierto que ya no podía podar los rosales como antes, que el jardín había perdido algo de su antigua gloria desde que Fernando murió. Él era el que se encargaba de las plantas mientras yo me dedicaba a la cocina y el interior de la casa.
Pero seguía siendo mi jardín, mi terraza donde tomaba el café todas las mañanas, mi cocina donde todavía preparaba las comidas que más me gustaban. Además, y aquí, la voz de Marina se volvió más conspiratoria. Piénsalo desde el punto de vista legal. Si tu mamá entra en una residencia, nosotros podríamos manejar sus bienes más fácilmente. Tú tienes el poder legal que les dieron cuando tu papá murió, ¿verdad? Sí. Roberto tenía un poder legal que Fernando y yo habíamos firmado años atrás, cuando él ya estaba enfermo y queríamos asegurarnos de que alguien pudiera manejar nuestros asuntos si algo nos pasaba.
Era algo común, nos había dicho el abogado, una precaución normal para gente de nuestra edad. Y sí, lo tengo, pero eso es solo para emergencias, Marina. ¿Y qué crees que es esto? Tu mamá viviendo sola a su edad es una emergencia. Mira, mi amor, yo sé que es difícil, pero hay que ser prácticos. Con la venta de esa casa podríamos resolver muchos problemas. Podríamos comprar nuestra casa nueva, poner a los niños en un mejor colegio, hasta podríamos irnos de vacaciones a Europa como habíamos soñado.
Europa. Qué curioso. Con el dinero de la venta de mi casa se irían a Europa. Mi casa, donde había vivido la mitad de mi vida, donde había sido feliz con el hombre que amé durante 48 años, se convertiría en vacaciones europeas para Marina y Roberto. No sé. Me parece muy fuerte hacer eso a espaldas de mi mamá. A espaldas, Roberto, por favor, no estamos hablando de engañarla. Le vamos a explicar que es por su propio bien, que en la residencia va a estar mejor cuidada, más segura, más acompañada.
Al principio se va a resistir, obvio, pero después se va a dar cuenta de que fue la mejor decisión. Y si no quiere firmar, esa pregunta me heló la sangre. Firmar. ¿Qué? ¿De qué papel estaban hablando? Por eso tienes el poder legal, mi amor. Si el médico certifica que ella ya no puede tomar decisiones por sí misma, tú puedes hacerlo por ella. Yo ya hablé con mi prima Leticia, la que es geriatra, y me dijo que es más fácil de lo que parece, especialmente con gente mayor que tiene diabetes y presión alta.
Siempre se puede argumentar que tienen episodios de confusión o pérdida de memoria. Pero mi mamá está perfectamente lúcida, Marina. Ah, sí. ¿No te dijo la semana pasada que había visto a tu papá sentado en la sala viendo televisión? ¿No se confundió cuando la llamaste y te preguntó si ya habías llegado del colegio como si fueras todavía un niño. Mi corazón se paró. Sí. Había tenido esos episodios dos veces en el último mes. Había jurado ver a Fernando en su sillón favorito, leyendo el periódico como lo había hecho durante tantos años.
Y sí, una vez que Roberto me llamó muy temprano, todavía medio dormida, le había preguntado si ya había llegado del colegio como si tuviera de nuevo 8 años, pero eran solo momentos de confusión normales en alguien de mi edad que había perdido a su compañero de vida. No significaba que estuviera loca o incapacitada. Eso no significa nada, Marina. Es normal que la gente mayor a veces se confunda. Exacto. Y esa confusión es justamente lo que necesitamos documentar.
Leticia dice que con dos o tres episodios bien documentados, más su edad y sus condiciones médicas, cualquier juez va a probar que tú tomes las decisiones por ella. Yo seguía ahí paralizada, escuchando cómo planeaban mi vida, como si fuera una menor de edad o una incapacitada mental, como si mis 75 años de experiencia, de tomar decisiones, de sacar adelante una familia no significaran nada. Me sigue pareciendo muy fuerte, Marina. Roberto, por favor, mira la realidad. Tu mamá se está deteriorando.
Está viviendo en una fantasía donde tu papá todavía está vivo, donde ella todavía puede manejar una casa tan grande, donde no necesita ayuda de nadie. Nosotros la estamos ayudando a enfrentar la realidad. ¿Y qué hacemos con mis hermanos? Carlos y Patricia también tienen que estar de acuerdo. Mis otros dos hijos, Carlos el mayor vivía en Estados Unidos con su familia. Patricia, la menor estaba en Medellín con su esposo y sus tres hijos. Los dos venían a visitarme cada 6 meses.
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